Declaración de intenciones

    ¡Se agotó mi paciencia! ¡Harto estoy de enviar almas al Tártaro! Las Erinias están agotadas de tanto usar sus látigos, Éaco está desquiciado, ¿y quién no?; mi hermano Minos, frustrado, ya se desentiende de todo, y Hades, hastiado de ver las pocas almas nobles que llegan a su reino, está sumido en el desaliento.

No debería entrometerme en los asuntos de los vivos, pero visto el cariz que toma el asunto, creo que es necesario. Perséfone está de acuerdo, y mi padre Zeus ya me ha dado su real permiso para ello.

A través de mi bitácora espero azuzar con mis palabras vuestras entumecidas mentes y despojarlas del sopor en el que están sumidas; azotaros con la vara de la razón hasta que dejéis de comportaros como borregos quejumbrosos. Dudo si lo lograré, muchos no tienen ni tendrán remedio; han nacido, han vivido y morirán como esclavos de su propia idiotez, pero si logro recuperar algún alma noble del sumidero al que se ha visto arrastrada por la turba de necios que pueblan este mundo, me daré por satisfecho.

 

  Y como toda mente necesita abstraerse, no todo iba a ser un continuo ataque a vuestra consciencia y vuestra razón: en la sección relatos, he incluido una recopilación de historias curiosas e increíbles contadas por las almas más atormentadas con las que me he topado a lo largo de mi prolija carrera como juez del inframundo.

Radamanto, Juez del Hades.

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